sábado, 4 de junio de 2016

Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: «No llores.» Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: «¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!» El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: «Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.» La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.

CRECER CREYENDO:


Lc 7,11-17

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío.
Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: «No llores.» Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: «¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!» El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: «Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.» La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.
Palabra de Dios.

Salmo
Salmo responsorial: 29

R/. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.


Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.


Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo.


Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.

Cambiaste mi luto en danzas. Señor, Dios mío,
te daré gracias por siempre.

COMENTARIO:
EL SUFRIMIENTO HA DE SER TOMADO EN SERIO
                  
Jesús llega a Naín cuando en la pequeña aldea se está viviendo un hecho muy triste. Jesús viene del camino, acompañado de sus discípulos y de un gran gentío. De la aldea sale un cortejo fúnebre camino del cementerio. Una madre viuda, acompañada por sus vecinos, lleva a enterrar a su único hijo.

En pocas palabras, Lucas nos ha descrito la trágica situación de la mujer. Es una viuda, sin esposo que la cuide y proteja en aquella sociedad controlada por los varones. Le quedaba solo un hijo, pero también éste acaba de morir. La mujer no dice nada. Solo llora su dolor. ¿Qué será de ella?

El encuentro ha sido inesperado. Jesús venía a anunciar también en Naín la Buena Noticia de Dios. ¿Cuál será su reacción? Según el relato, “el Señor la miró, se conmovió y le dijo: No llores”. Es difícil describir mejor al Profeta de la compasión de Dios.

No conoce a la mujer, pero la mira detenidamente. Capta su dolor y soledad, y se conmueve hasta las entrañas. El abatimiento de aquella mujer le llega hasta dentro. Su reacción es inmediata: “No llores”. Jesús no puede ver a nadie llorando. Necesita intervenir.

No lo piensa dos veces. Se acerca al féretro, detiene el entierro y dice al muerto: “Muchacho, a ti te lo digo, levántate”. Cuando el joven se reincorpora y comienza a hablar, Jesús “lo entrega a su madre” para que deje de llorar. De nuevo están juntos. La madre ya no estará sola.

Todo parece sencillo. El relato no insiste en el aspecto prodigioso de lo que acaba de hacer Jesús. Invita a sus lectores a que vean en él la revelación de Dios como Misterio de compasión y Fuerza de vida, capaz de salvar incluso de la muerte. Es la compasión de Dios la que hace a Jesús tan sensible al sufrimiento de la gente.

En la Iglesia hemos de recuperar cuanto antes la compasión como el estilo de vida propio de los seguidores de Jesús. La hemos de rescatar de una concepción sentimental y moralizante que la ha desprestigiado. La compasión que exige justicia es el gran mandato de Jesús: “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo”.

Esta compasión es hoy más necesaria que nunca. Desde los centros de poder, todo se tiene en cuenta antes que el sufrimiento de las víctimas. Se funciona como si no hubiera dolientes ni perdedores. Desde las comunidades de Jesús se tiene que escuchar un grito de indignación absoluta: el sufrimiento de los inocentes ha de ser tomado en serio; no puede ser aceptado socialmente como algo normal pues es inaceptable para Dios. Él no quiere ver a nadie llorando." José Antonio Pagola.  Grupos de Jesús Parroquia San Vicente Mártir de Obando - Bilbao.

REFLEXIÓN:
Ahora que es tiempo de recopilar y evaluar el trabajo de todo un curso, flotamos sobre un estrés y un cansancio que fluye como un rio a punto de llegar a una bellísima cascada. Somos velocidad y remolino, difícilmente controladas. No nos pidas profundidad. Y esa es la paradoja. Cuando más se necesita que seamos remanso, poza de agua cristalina o meandro en el rio, resulta que nos encaminamos a un salto.





Y así nos pasa, que no somos capaces de ponernos en la piel del otro. Y chocamos levantando espuma, generando corrientes que nos lanzan hacia delante sin control. No nos paramos a pensar, por el afán de hacer, que otros también tienen ese mismo afán y que cada uno debe aprovechar su tiempo para conseguirlo. Puede que no lo veas ni a mitad de la caída y decidas romper contra las piedras a sabiendas que lo único que conseguirás es ser vapor de agua. No te quedes en el aire. Eso ya está hecho. NO TIENE REMEDIO, PERO SI SOLUCIÓN.
Llevamos todo el curso hablando de la MISERICORDIA. Úsala. Reconoce tus errores, no los errores del otro, los tuyos.
Se humilde y PIDE PERDÓN. Si lo haces de corazón, buscando la mirada  y el abrazo de: la pareja, el amigo, el hermano, el compañero, los padres, los alumnos, etc. te habrás dado otra oportunidad de ser río. Habrás resucitado por oír la Palabra de Jesús: “LEVÁNTATE”.




Señor, que este fin de curso nos haga ver lo milagroso en lo cotidiano. Que prevalezcan nuestros valores frente a las prisas. Que sepamos ser justos con los que nos rodean, estén por encima o por debajo del concepto que tenemos de nosotros mismos, o simplemente sean mediopensionistas.


¡¡¡QUE LA FUERZA DEL AMOR NO DISMINUYA NUNCA EN NUESTRO CORAZÓN!!!

NO TENGÁIS MIEDO.


¡ÁNIMO Y ADELANTE!













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